Fondo Skoda Buitrago, un recorrido exigente para sentir mountain bike

El 12 de septiembre se celebró  la marcha de mtb Skoda Gran Fondo Buitrago, una prueba con carácter popular que reunió en la localidad madrileña de Buitrago de Lozoya a unos 2000 bikers en dos recorridos, un medio fondo de 45 kilómetros y un gran fondo de 80. Tuve la ocasión de participar en la modalidad gran fondo y comparto a continuación la vivencia de esta exigente prueba.
Voy a centrarme en el Gran Fondo, que es la modalidad que elegí para sufrir por los campos del Valle medio del Lozoya. En total, fueron unos 2100 metros de desnivel acumulado en esos 80 kilómetros, lo que muestra la exigencia del recorrido.
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Para empezar, subida
Los primeros 15 kilómetros empezaban con la primera de las subidas, quizás la más dura de la prueba. Si bien la pendiente era llevadera hasta el kilómetro 10, desde ahí la pista se adentraba en un bosque donde las pendientes crecían al ritmo de las sombras de los árboles. Los participantes íbamos frescos pero sabiendo lo que quedaba todos dejábamos ese último esfuerzo para momentos posteriores. La subida tenía algo de piedra hasta ese kilómetro 10 pero al adentrarse en el bosque el terreno firme permitía a los más fuertes coger su ritmo sin impedimentos técnicos. Incluso la firmeza del terreno permitía bajar algunos piñones y subirse encima de la bici a lo Contador para relajar músculos y cambiar la postura. La dureza se mantenía y en mi caso fui haciendo varios esfuerzos para no quedarme cortado siguiendo la estela de lo que parecía un gran pelotón principal, eso sí, enfilado y repleto de corredores hasta donde alcanzaba mi vista. Las curvas de herradura rompían el ritmo por el cambio de pendiente y yo intentaba ir por fuera de la curva precisamente para que el ritmo fuera lo más sostenido posible. Y así llegué arriba. Qué alivio. Pensé. Pero en la Skoda Buitrago todo alivio es momentáneo.
Para seguir, subida
La bajada tenía una gran pendiente pero no se puede considerar técnica, la bici cogía velocidad y el terreno permitía mantenerla sin grandes sobresaltos. Y así hasta la segunda subida, esta vez el perfil ya ponía sobre aviso del kilometraje de este segundo envite. El principio, duro, te recordaba que ya se habían gastado fuerzas y que ahora había que subir ligero pero seguir dejando algo de fuerza para más adelante. La subida era por pista ancha, sin tecnicismos, dispuesta a que las fuerzas mandaran por encima de la destreza. Y así un kilómetro, y otro, y otro, Y desde aproximadamente el kilómetro 25 hasta pasado el 50 en continuo ascenso, imaginaos el esfuerzo agónico. Con la mente recordando músicas olvidadas que aparecen en esos momentos de sufrimiento, a ratos hablando contigo mismo, «vamos, que vas bien, déjate un poquito pero sigue a este ritmo» o avisando, «cuidado, regula, que este ritmo es demasiado alto». Y a ese ritmo que podía seguí hasta que, cuando pensaba que el final de la montaña era una leyenda urbana, finalmente llegó. Primero de forma esquiva, con un falso final que dio paso a una bajada y a un repecho sorpresivo que sí que, por fin, dio paso a la bajada de verdad. «Ya lo tenemos hecho», decían algunos. Pero no, no estaba hecho.
Para terminar, dos repechos, uno demoledor
No estaba hecho porque la bajada, muy larga tenía tramos de pedalear con grandes desarrollos, lo que cargaba unas piernas ya lastradas por las dos escaladas. Pero había que seguir para mantener la posición que te habían dado kilómetros de subida. Así llegué al avituallamiento de la Acebeda, donde decidí no parar porque llevaba agua, geles y hasta un plátano. Más que suficiente desde el kilómetro 62 en el que estaba hasta el 80. Pero tras el avituallamiento había sorpresa.Un primer repecho llevadero pero en el que las piernas te gritaban los kilómetros acumulados. Y, poco después de girar una curva ciega  a izquierdas, el sorpresón de la mañana, aparece un repecho largo, recto, sin curva hasta donde alcanzaba a ver, que se iba empinando poco a poco hasta la desesperación. Ya me imaginaba a qué me enfrentaba cuando a lo lejos veía corredores pie a tierra, hasta que lentamente llegué yo y, efectivamente, mi pie también fue a tierra, unos escasos metros para superar la pendiente límite y otra vez a la burra. Tras ese repecho, ahora sí, «estaba hecho».
Bajada a gran velocidad, de hecho mi velociad máxima llegó a los 50 kms/hora, lo que indica la facilidad del terreno y la pendiente continuada de bajada que nos esperaba antes de llegar a Buitrago. Algunas curvas con tierra solventadas sin demasiados problemas, los ánimos de los compañeros (que nunca rivales) que nos veíamos ya como finishers. Y Buitrago, entrada al pueblo por carretera, y como no, en subida, hasta llegar al Colegio Gredos San Diego, donde nos esperaban aplausos de los lugareños, un plato de pasta, fruta, bebida y una manguera para devolver la bicicleta a un estado digno
La organización
Como participante debo decir que la organización fue muy buena. Le daría un 8 sobre 10. En primer lugar el pago de la inscripción me pareció razonable por lo que se recibe a cambio. Son muchas las marchas en las que se pagan 30 euros y el «regalo» consiste en una camiseta técnica que acabas usando para ponerte en casa cuando quieres esconderte del mundanal ruido. Es más, con ella te escondes hasta de tu familia, porque o te queda como un vestido o te ciñe como si llevaras el sujetador de la abuela. Pero en este caso los 32 euros de inscripción incluían un maillot marca Northwave de buena calidad para un uso futuro e incluso con un diseño apropiado para no tener que esconderse de nadie. Además, con el patrocinio de la marca Etixx, se incluían dos geles y dos barritas, por lo que la necesidad de qué comida me llevo a la marcha estaba completamente cubierta. Los avituallamientos también fueron suficientes.
En definitiva, una grata experiencia para cumplir con un reto que exige sufrimiento en la subida y concentración en la bajada. Sin salir de Madrid y en pleno septiembre cuando las temperaturas empiezan a suavizarse. Espero que en próximos años tengamos nuevas ediciones de esta marcha, que cuenta con patrocinios tan relevantes como Skoda, Trek, Etixx, Polar o Isdin.
Y para terminar, mi minuto de gloria, al más puro estilo Perico, no llegué a ir super en ningún momento de la marcha pero conseguí mantener un ritmo ágil durante los diferentes tramos para acabar con un tiempo de cinco horas y 15 minutos, una prueba que me ha hecho reconciliarme con las buenas sensaciones tras mi fiasco particular en la Madrid-Segovia, donde el calor me provocó una pájara de esas que hacen historia. Pero aquéllo es otra historia.