Carapaz: the show must go on

Cuando Carapaz tiene un gramo de fuerza, el espectáculo está asegurado. E incluso aunque no  tenga, su sola presencia ya asegura el combate, el espectáculo, la lucha cara a cara.  Faltaban poco más de 20 kilómetros para la meta, cuando el estadounidense McNulty ha saltado del pelotón de los elegidos buscando la sorpresa. Y en ese momento, Carapaz, siempre atento a los movimientos de carrera, ha decidido salir a su rueda. Una duda de Woud Van Aert por aquí, otra duda de Pogacar por allá y los escapados pronto han llegado a sacar más de 40 segundos al pequeño pelotón de cabeza.

Cuando los favoritos han conseguido organizarse el tiempo se ha reducido a la mitad. En ese momento, Carapaz, vibrante, ha echado una mirada atrás y al ver la llegada inminente de los lobos, se ha dado cuenta de que se debía enfrentar solo a su destino. Y así lo ha hecho. Sin dudar un momento, ha abandonado a su compañero de escapada, que ha sido rápidamente engullido, para entregarse al oro.   Los repechos finales, lejos de ser un obstáculo para él, han servido para engrandecer su figura, la de un corredor que siempre ataca cuando los espectadores vibran, que se entrega siempe sin reserva y que, en esta ocasión sí, ha encontrado la máxima recompensa, nada menos que el oro olímpico.

Un llanero solitario sin equipo

Y todo ello sin equipo, con un solo acompañante casi testimonial, la de su compatriota Jhonatan Narvez. Por suerte, porque algo de suerte hay que tener para ganar este tipo de carreras, las selecciones importantes han controlado la carrera para que no fuera necesario un superequipo. Y sin pinganillos, sin equipo y sin ayuda de ningún tipo, Carapaz ha sabido competir como acostumbra para llegar solo a la meta y saborear esta gran victoria.

Su palmarés sigue creciendo con un triundo en el Giro (2019), podio en las otras dos grandes Vueltas (2º en la Vuelta de 2020, 3º en el Tour 2021) y ahora, oro olímpico. Y eso que a priori todo apuntaba a una victoria de Pogacar o de Woud Van Aert, grandes favoritos. Pero el ganador del Tour ha mostrado debilidad en los momentos clave de la carrera, en comparación con los recitales de superioridad que dio en el Tour; y ha conseguido un bronce que seguramente hayan merecido más otros corredores, como el propio McNulty. Pero el ciclismo no entiende de justicia y en ese sprint final cuesta arriba Pogacar ha sacado su mejor versión para conquistar el bronce.

Woud van Aert, ejemplar «goleador»

Por su parte, el belga ha sabido hacer su carrera, ha cumplido con el reto de aguantar en las subidas más duras, y ha asumido la persecución de Carapaz como propia sabiendo que el gasto de fuerzas le podía pasar factura en el sprint. Merecidísima medalla de plata para un corredor que se deja la piel en cada carrera, que es ya una referencia del ciclismo actual y que va acumulando un palmarés que incluye victorias en etapas de montaña como el Ventoux, contrarrelojes de Tour o sprints masivos. Da igual cómo sea el recorrido, si está Van Aert, puede ganar. Y si hace falta ejecutar el penalti al final del tiempo reglamentario, Van Aert será siempre un valor seguro. Eso sí, su esfuerzo ha estado a punto de costarle la plata. En un agónico sprint final que se le ha hecho demasiado largo, ha visto como Pogacar le recuperaba metros en el último suspiro y solo la foto finish le ha podido confirmar que efectivamente la plata era suya.

Fracaso de la selección española

Mientras, la selección española ha defraudado. Si bien Valverde nunca estuvo entre el primer nivel de favoritos, un recorrido duro con un final que parecía diseñado para él, hacía albergar cierta esperanza de medalla. Pero no, el murciano se ha descolgado cuando la carrera no se había empezado a jugar. Los «capitanes a posteriori» pueden alegar que se debió haber retirado del Tour si realmente quería tener alguna opción de medalla. Y seguramente tendrán cierta razón.  La veteranía se paga en el ciclismo con la necesidad de un mayor tiempo de recuperación. Los Pogacar, Van Aert o Carapaz, jóvenes jinetes, pudieron disputar el Tour hasta el final y llegar en perfecto estado de forma a los Juegos. Pero con 41 años ha quedado de manifiesto que una semana de recuperación no era suficiente.

Pero la causa última del error es la propia profesionalidad de Valverde, que le impide dejar algo a medias y quiso acabar el Tour a sabiendas de que, a su edad, podía ser el último o el penúltimo de su carrera. El seleccionador español, Pascual Momparler, hizo un equipo focalizado en Valverde y con corredores capaces de filtrarse en fugas con ciertas garantías de éxito, como Omar Fraile, los hermanos Izaguirre o Jesús Herrada. Pero ninguno ha dado la talla. Y lo peor es que ni siquiera se han dejado ver, no ha habido actitud ganadora en ningún momento, como por ejemplo sí ha tenido la selección italiana a pesar de no haber tenido opciones de victoria. Seguramente la imagen de Pello Bilbao se le ha pasado al seleccionador por la cabeza en algún momento. Aunque, realmente, tampoco tenía muchas otras opciones en un ciclismo español que está viviendo con retraso el letargo que se esperaba después del reinado de Indurain. En aquel momento, las victorias de los Contador, Sastre o Pereiro, Samuel Sánchez o Valverde nos mantuvieron en la elite más años de los esperados.

Pero ahora parece que ha llegado el momento de admitir que estamos un escalón por debajo de esta espectacular generación de ciclistas y que toca trabajar en el futuro para invertir la situación pensando ya en el largo plazo.

Mientras tanto, disfrutemos de Carapaz, the show must go on.

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