Frenos de disco en carretera: pros y contras tras la prueba de Markel Irizar en la Vuelta

Trek y Shimano han dado un primer empujón a la implantación del freno de disco en carretera. Para ello, han aprovechado una etapa de las llamadas de transición de la Vuelta para que la bicicleta del corredor del Trek Markel Irizar sea la primera de una vuelta de tres semanas en llevar frenos de disco. La iniciativa no cabe duda de que tiene un trasfondo comercial. Las marcas quieren incorporar nuevos avances en las bicicletas para crear nuevas necesidades entre los aficionados y vender bicicletas de carretera con frenos de disco.
Las marcas Trek y Shimano han creado una acción de comunicación muy lograda para presentar sus avances. En primer lugar, la elección de la Vuelta. La UCI permitió la inclusión del freno de disco  a modo de prueba desde agosto y desde luego la Vuelta es la carrera más mediática para presentarlo.  Han elegido una de esas etapas llamadas de transición para convertir en noticia el freno de disco. Y para ello, han contado con la colaboración de Irizar, un ciclista que sabe filtrarse en fugas y que cogió una escapada en los kilómetros finales para dejarse ver. Y consiguió el objetivo a la perfección: estar dentro de la fuga en la parte final de la etapa y que TVE centrara la retransmisión durante un tiempo en su freno de disco. Vamos, la mejor publicidad para convencer de que los frenos de disco son buenos también para carretera.
Tras la experiencia de Markel Irizar, vamos a analizar los pros y contras para el campo profesional y también para el ámbito del aficionado. Empezamos por el campo profesional:
Pros de los frenos de disco
Según Markel Irizar, frenan progresivo y no clavan demasiado al frenar. Eso significa que el miedo de muchos aficionados al ciclismo a que frenen excesivamente parece que es infundado.
No se calientan demasiado. Esta era otra de las preocupaciones en el ámbito  profesional, pero parece que la temperatura que cogieron no fue excesiva.
freno disco carretera

Contras
Me temo que la lista negativa será más extensa, el propio Irizar reconoció los tres siguientes puntos:
– Posibilidad de provocar cortes en caídas: el disco podría provocar cortes en una caída masiva, de ahí la necesidad de protegerlos del exterior mediante algún tipo de carcasa. Las marcas ya están trabajando en este sistema.
Medida: la UCI de momento solo permite la medida de 160, pero parece que es excesiva para las necesidades del pelotón profesional y que será la medida de 140 la que triunfe.
Peso: llevar frenos de disco supone unos 400 gramos más para una bicicleta. Parece demasiado desde luego para etapas de montaña.
– Además de las tres contras de las que habló Irizar, yo pondría en duda algunos de los pros que apuntó, por ejemplo, el de la temperatura. En la etapa no hubo bajadas de puertos significativas y claro, Irizar decía que no alcanzaron grandes temperaturas, pero mi duda es qué temperatura habrían cogido en la bajada de un gran puerto. Seguro que mucha más de la que cogió en una etapa plana.
Rozamiento: las pastillas de los frenos de disco van tan ajustadas que a la mínima rozan con los discos. Eso significa que el ciclista debería hacer una fuerza extra para superar ese rozamiento. Ya sucede en la mountain bike y también sucedería en carretera. No veo dispuestos a profesionales o incluso aficionados a perder segundos en rozamientos de disco.
– Cambios de rueda en caso de pinchazos. Los cambios de rueda trasera ya de por si son más complicados porque hay que encontrar la posición adecuada para la transmisión. Incorporar el freno de disco complica hacer rápido el cambio de rueda.
Y de cara a los aficionados, ¿qué podemos añadir?
Costes. Desde luego montar frenos de disco será más caro que montar los tradicionales frenos de puente. La sustitución de pastillas una vez se desgasten también es más cara que las zapatas.
Mantenimiento. Los frenos de disco son más sensibles, se desajustan más y hay que estar más pendiente de ellos que de un freno de puente. Si esos ajustes no sabemos hacerlos nosotros mismos habrá que pasar más veces por el taller y, por tanto, tendremos costes añadidos.
Peso. Si el carbono se ha impuesto entre el aficionado es porque es un material que ha mostrado combinar ligereza y solidez. El peso es importante también para el aficionado y gran parte de las decisiones de compra se basan en el peso de una bici. Añadir casi medio kilo extra, especialmente entre subidores de puertos y participantes en clásicas como la Quebrantahuesos o la Perico Delgado no parece muy coherente con la tendencia hacia componentes ultraligeros.
En definitiva, ¿realmente una bici de carretera necesita mayor capacidad de frenada? En mi opinión, NO. Los frenos que montan los profesionales tienen un peso mínimo y frenan adecuadamente. Quizás con lluvia las zapatas pueden fallar algo, por lo que la implantación de los frenos de disco me parece solo adecuada para el ciclista profesional y solo para determinadas carreras, como clásicas sin grandes puertos donde el peso no sea una prioridad o etapas en días de lluvia y en recorridos con bajadas técnicas. Y siempre que consigan esconder el disco para evitar el peligro de cortes en caídas.
¿Y para el aficionado? La veo una inversión innecesaria que sería maś adecuada para mejorar en cuadro, cambio o nivel de componentes, pero no para los frenos de disco, que no veo necesarios para el ciclismo en carretera. Pero es algo que interesa a las marcas, interesa a los talleres y van a hacer todo lo posible para implantarlo. Al fin y al cabo, esta sociedad nos invita diariamente a crearnos necesidades para mejorar las ventas. A partir de ahí, la decisión está en cada comprador.

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